Apolo y Dafne: mitos griegos

Apolo-y-Dafne-Epître-d’Oth

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Los dioses griegos vivían sujetos a las pasiones amorosas tanto o más que los mortales y no siempre tenían éxito. El mito de Apolo y Dafne es la historia de un amor imposible que terminó en una metamorfosis. O tal vez no terminó nunca.
El mito de Apolo y Dafne lo conocemos fundamentalmente por la explicación de Ovidio en sus“Metamorfosis” (I, 452-567), pero la tradición oral anterior proporciona detalles diferentes. A su pervivencia ha ayudado esa fascinación que ha ejercido en la escultura, la pintura y hasta en la ópera esta historia de amor unilateral.
Todo comienza con Eros castigando la actitud chulesca de Apolo con respecto al uso del arco y las flechas. Apolo, tras matar a la serpiente Pitón y hacerse con el Oráculo de Delfos, recriminó a Eros que su ejercicio con el arco era de lo más frívolo y tenía escasa utilidad. Además puso en duda su puntería, algo con lo que no podemos estar más de acuerdo. El caso es que Eros decidió mostrar a Apolo el verdadero alcance de sus flechas.
Así, lanzó una flecha de oro al corazón de del dios de las artes con la que quedó irremediablemente enamorado de una ninfa que pasaba por allí, Dafne. Al mismo tiempo, Eros clavó otra flecha, pero esta vez de plomo, en el corazón de la ninfa, lo que hizo que sintiera un rechazo total por Apolo desde lo más profundo de su ser. Tenemos así el panorama inicial, que presagia tragedia, de un amor imposible, de un amor no correspondido.

El mito de Apolo y Dafne

La ninfa Dafne era hija de la Madre Tierra y del río Ladón y se dedicaba a pasear por los bosques tranquilamente sin ganas de enamorarse y mucho menos de un dios como Apolo, que era bastante conocido por sus arranques de ira. Pero allí estaba escuchando cómo Apolo se le declaraba intentando convencerla de las ventajas de liarse con un dios tan sexy, habilidoso e interesante como él. Dafne pasaba de él y cuando la cosa se puso seria y Apolo se intentaba acercar más a ella, echó a correr.
La persecución por el bosque es precisamente la que más se ha representado en pintura y escultura. Dafne corriendo intentando escapar de un Apolo que la persigue incansable. Los dioses corren más rápido que las ninfas, eso está claro, así que Dafne tenía las de perder. Aterrorizada ante la idea de yacer con el dios, pidió a la Madre Tierra que la salvara y entonces ocurrió la metamorfosis.

Apolo y Dafne. Albani
Apolo y Dafne. Albani

La metamorfosis de Dafne


Cuando Apolo estaba a punto de alcanzarla, Dafne se quedó paralizada, los pies se cubrieron de tierra mientras se convertían en raíces, su cuerpo se cubrió de corteza y de sus brazos empezaron a salir ramas. La ninfa Dafne se acababa de convertir en un laurel. Un Apolo impotente seguía abrazándola, ahora ya al árbol, y juró que no se separarían jamás. Fue entonces cuando arrancó unas hojas de su amada ninfa y se las colocó alrededor de su cabeza tal y como haría después en los primeros juegos Píticos honrando al vencedor con una corona de laurel.
El proceso de la metamorfosis nos lo cuenta Ovidio, pero también Garcilaso de la Vega en unos versos de una intensidad especial:
“A Dafne ya los brazos le crecían,y en luengos ramos vueltos se mostraba;en verdes hojas vi que se tornabanlos cabellos que el oro escurecían.
De áspera corteza se cubríanlos tiernos miembros, que aún bullendo estaban:los blancos pies en tierra se hincaban,y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,a fuerza de llorar, crecer hacíaeste árbol que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!¡Que con llorarla crezca cada díala causa y la razón porque lloraba!”

El laurel en la mitología griega

Con esta curiosa metamorfosis se explica la naturaleza del laurel, como ya contaremos en otro episodio metamórfico relacionado con la menta. Y este mito también explica el carácter sagrado de este árbol, desde entonces destinado a vencedores, con las hojas siempre verdes por el toque de eterna juventud que le dio Apolo. Más relevancia tiene el carácter adivinatorio de este árbol también otorgado por Apolo, que inmediatamente pasó a ser el símbolo de la pitonisa en el Oráculo de Delfos. Una pitonisa que masticaba sin parar hojas de laurel degustando así las artes proféticas del árbol. 

Laura Vélez

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