El mito de Edipo

Edipo y la Esfinge de Tebas: mitos griegos

De entre los mitos griegos, el de Edipo y la Esfinge de Tebas es uno de los más conocidos pero, ¿qué pasó realmente en Tebas? Queremos saber qué ocurrió realmente para convertirse en el mito más contado de la Historia con una repercusión que ha llegado hasta nuestros días.

Buscamos al ‘culpable’ de que el mito de Edipo sea conocido en todo el mundo y por personas que no han oído ni hablar de mitología griega y lo encontramos en Sigmund Freud, que lanzó su teoría del complejo de Edipo con tal fuerza que hoy pediatras y psicólogos infantiles siguen dando explicaciones de ese presunto comportamiento edípico en el que los niños adoran a sus madres pero no tanto a sus padres. Pero, ¿qué ocurrió realmente con Edipo? Nos vamos hasta las fuentes más antiguas para descubrir la verdad.

El mito de Edipo

Sabemos, gracias a Freud, que Edipo mató a su padre Layo y se casó con su madre, Yocasta. Lo que tal vez no sepa tanta gente es que cómo llegaron a esta curiosa situación familiar. Para entenderlo nos tenemos que situar en Tebas donde reinaban en felicidad conyugal pero sin descendencia Layo y Yocasta. Layo, aficionado a consultar el Oráculo de Delfos, fue advertido de las desgracias que sufriría si tenía un hijo, así que cuando nació el bebé, se deshizo inmediatamente de él.

El bebé era Edipo y fue entregado a unos pastores en una escena que también sufrió por su parte Paris Alejandro en Troya, la del príncipe entregado a los pastores. Los pastores que acogieron a Edipo se compadecieron del bebé y fueron incapaces de dejarlo abandonado en el bosque, tales eran las instrucciones de Layo, así que se fueron hasta Corinto y allí se lo entregaron a los reyes, Pólibo y Peribea, que lo criaron como si fuera su propio hijo ocultándole su origen.

Un Edipo ya en su juventud, acudió a consultar el Oráculo de Delfos y recibió como respuesta que se alejara de sus progenitores porque acabaría matando a su padre y casándose con su madre. Sin saber que Pólibo y Peribea no eran sus verdaderos padres y temiendo que la profecía de la Pitia se hiciera realidad abandonó Corinto para no volver jamás. Lo que ocurrió a partir de ese momento fue una cadena de casualidades tan fatídica que solo la mitología se atreve a narrarla con esta espontaneidad.

Cuando Edipo mata a su padre y se casa con su madre

Edipo acababa de salir del Oráculo de Delfos y Layo, el rey de Tebas y su padre biológico, se dirigía hacía allí para hacer otra consulta. Los nervios de ambos estaban crispados, el uno por la tristeza de tener que abandonar su casa y el otro por la incertidumbre que siempre acompaña una visita al Oráculo. Y ambos se encontraron en un estrecho cruce de caminos.

Sin conocerse, por supuesto, discutieron sobre quién de los dos tenía que hacerse a un lado para que el otro pudiera pasar, la disputa acabó en pelea y Edipo mató a Layo. Se acababa de cumplir la primera parte de la profecía, pero Edipo no tenía ni idea y siguió su camino. Un camino que le llevó directamente hasta Tebas donde tenían sus propios problemas.

El enigma de la Esfinge

En Tebas estaban aterrorizados porque a la entrada de la ciudad tenían a la Esfinge, un monstruo hija de Equidna y Tritón con cabeza de mujer, cuerpo de león, cola de serpiente y alas de águila que planteaba a cada viajero que intentaba entrar en la ciudad un enigma. Si no lo resolvía, el viajero moría estrangulado y devorado por la Esfinge. Hasta que llegó Edipo.

“¿Qué ser, con solo una voz, tiene a veces dos pies, a veces tres, otras veces cuatro y es más débil cuantos más pies tiene?”

Ese era el acertijo que proponía la Esfinge y que nadie fue capaz de resolver hasta la aparición estelar de Edipo.

“El hombre”.

La respuesta correcta hizo que la Esfinge se arrojase desde lo alto de un monte y ese fue su final y al mismo tiempo la liberación de la ciudad de Tebas. En pago por esa liberación, Edipo fue invitado a casarse con la reina, Yocasta, por aquel entonces ya viuda de Layo. Y así fue como se cumplió la segunda parte de la profecía, pero nadie aún era consciente de ello.

Edipo y Yocasta hubieran vivido felices y comido perdices gobernando Tebas y criando a sus hijos Ismene, Antígona, Polinices y Eteocles de no ser porque una peste que asoló la ciudad hizo que toda la verdad saliera a la luz. El adivino Tiresias se atrevió a decir en público lo que solo los dioses conocían y desveló la situación familiar de la familia real.

Yocasta emuló a la Efinge y se arrojó desde la montaña, mientras que Edipo se cegó a sí mismo con un alfiler para no ver la vergüenza en la que la que vivía. En esas circunstancias no podía seguir gobernando la ciudad y fue Creonte, el hermano de Yocasta, el que tomó las riendas de Tebas y desterró a un Edipo ciego que se dedicó a vagar de ciudad en ciudad perseguido por las Furias hasta que finalmente murió en Colono.

Pocos mitos han tenido tanta trascendencia como el de Edipo y es normal que nos preguntemos por su origen. ¿Fue para tanto lo que ocurrió con Edipo como para que siga vigente hoy en día? Fue para tanto y para más, ya que este mito dio origen a tres de las tragedias más fascinantes de la literatura griega. Desde aquí invitamos a leer la obra de Sófocles y su ‘trilogía edípica’: Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona.

Laura Vélez

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