Troya antes de la guerra: entre el mito y la realidad

Troya antes de la guerra

Troya antes de la guerra

Es cierto que no hubiéramos puesto la mirada en Troya si un griego como Homero no hubiese cantado acerca de la ciudadela. Esto significa que la visión que tenemos de Troya es la presentada desde un ámbito griego. Afortunadamente, el desarrollo de la arqueología y de los estudios del mundo hitita nos presentan una Troya diferente de la homérica, más autónoma. Una Troya con nombre propio vista desde dentro, con la importancia que se merece y carente del menosprecio de los vencedores.

Troya con nombre propio

Durante cerca de 2000 años (del 3000 al 1000 a. C.) Troya fue una ciudad fortificada que actuaba como un importante centro comercial debido a su posición estratégica en el estrecho de los Dardanelos. Con una extensión de unos 200.000 metros cuadrados y una población de entre 5.000 y 10.000 habitantes, la ciudad evidenciaba un gran poderío económico y militar, y una abundancia de recursos gracias a su puerto en la bahía de Besik, a unos 8 kilómetros de la ciudadela.

Fue precisamente ese puerto lo que convirtió Troya en el núcleo de las relaciones comerciales. El paso entre oriente y occidente en el estrecho de los Dardanelos tiene unas peculiaridades climáticas que inciden en la navegación que, junto con los fuertes vientos, imponían a los barcos varias jornadas de espera. Y mientras los barcos esperaban en el puerto hasta una mejora de las condiciones climáticas, es de suponer el pago de un peaje además del lógico intercambio comercial.

Que Troya pertenecía al ámbito del imperio hitita es innegable aunque no se conozca exactamente la naturaleza de la relación. Los documentos hititas de la época, como el Tratado de Alaksandu, ponen de manifiesto una relación de cooperación con Wilussa, nombre con el que denominan a Troya, y del que podría extraerse fácilmente el homérico Ilios.

Con esta introducción queremos devolver a Troya su importancia como puente entre Asia y Europa, como mediadora en las relaciones comerciales y políticas entre dos mundos tan cercanos y a la vez tan distintos y restablecer esa identidad troyana que Homero se olvidó de cantar. Pero como en este asunto de la guerra de Troya, mito y realidad van de la mano, dejemos a un lado las cuestiones más evidentes y pasemos al mito. ¿Sabías que antes de la famosa guerra de Troya hubo otra guerra en Troya?

La primera guerra de Troya

El conflicto bélico que cantó Homero no fue el primero que enfrentó a griegos y troyanos. En una generación anterior al reinado de Príamo tuvo lugar otra guerra que terminó con la destrucción de Troya. Y en esta ocasión sólo tenemos como referencia diversos relatos míticos. Vayamos hasta los orígenes de la ciudad.

La genealogía troyana se remonta al dios río Escamandro, que tuvo un hijo llamado Teucro. De él proviene uno de los adjetivos que Homero daba a los troyanos, el de teucros. También se les llama dárdanos y es debido a Dárdano, un personaje que apareció procedente de Italia para casarse con la hija de Teucro. Y si nos saltamos una generación, que parece que no hicieron nada relevante, aparece el héroe fundador que dará el nombre a toda la región de la Tróade, Tros.

Tros será recordado por recibir de Zeus un regalo que ocasionará muchos problemas en el futuro. Se trata de unos caballos divinos que podían incluso correr sobre el agua. Estos caballos eran una compensación por la pérdida de su hijo Ganímedes, un muchacho de una belleza tal que el propio Zeus se enamoró de él. Así que lo raptó y se lo llevó al Olimpo para ocupar el puesto de copero de los dioses escanciando el néctar.

La ciudadela de Troya
La ciudadela de Troya

La fundación de Troya

Pero Tros tenía más hijos, uno de ellos se llamaba Ilo. En cierta ocasión acudió a Frigia a participar en unos juegos y al ser el vencedor ganó cincuenta esclavos y otras tantas esclavas además de una vaca. El rey le indicó que en el camino de regreso a casa debía fundar una ciudad allí donde la vaca se tumbara. Una vez que la vaca se tumbó, Ilo pidió a Zeus que le mandase una señal de que aquél era el lugar correcto y al instante cayó desde el cielo el Paladio, una imagen de madera que representaba a Palas Atenea. Allí mismo fundó la ciudad de Troya también llamada Ilión que, según un oráculo, nunca podría ser destruida mientras el Paladio estuviese dentro de la ciudad.

Las murallas de Troya

Hijo de Ilo fue Laomedonte. Reinaba en Troya cuando Apolo y Poseidón fueron castigados por Zeus a construir las murallas de la ciudad. Se decía que las murallas de Troya eran inexpugnables al haber sido construidas por dioses. Sin embargo, Apolo y Poseidón contaron con la ayuda de un mortal, Éaco, lo que proporcionaba un único punto débil que más tarde permitiría la toma de la ciudad. Terminadas las murallas, los dos dioses fueron a reclamarle el pago acordado a Laomedonte. Éste no sólo no les pagó sino que les insultó y amenazó.

Otro engaño de Laomedonte

Como los dioses se vieron ultrajados, Apolo envió una peste a la ciudad y Poseidón un monstruo marino que devoraba a todo aquél que estuviera cerca de la playa. Los oráculos ofrecieron a Laomedonte la solución: tenía que ofrecer a su hija Hesíone como alimento del monstruo marino, así aplacarían la ira de los dioses.

Se encontraba Hesíone atada a unas rocas a punto de morir, cuando apareció uno de los más valientes héroes, Heracles, que se ofreció a salvarla a cambio de los caballos divinos que Zeus había regalado a Tros. Obviamente Laomedonte accedió, pero cuando su hija estaba ya a salvo se negó a darle los caballos a Heracles y éste se marchó de Troya prometiendo volver con un ejército.

Años más tarde Heracles y su ejército griego emprendieron la primera guerra de Troya, destruyeron la ciudad, se llevaron con ellos a Hesíone y acabaron con la vida de Laomedonte y todos sus hijos, excepto uno, Podarces, el que más tarde sería llamado Príamo.

Laura Vélez

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